Comienzo con este dilema una pequeña serie de artÃculos sobre la vida de un diseñador desde el punto de vista de un servidor, por sus experiencias diarias en esta jungla que es el mundo laboral.
La primera pregunta es trabajar para vivir, o vivir para trabajar. Si me permitÃs, creo que esto también se traduce en: “tener un sueldo digno, o ganar mucho dinero.”
La frontera de cuánto es para cada uno es un sueldo digno es muy diferente. No solo se trata de que lo que nos paguen por nuestro trabajo diario sea suficiente para pagar las facturas (el piso, la comida, la luz, el agua, el coche, etc.), sino de algo que creo mucho más importante, cuánto hemos de ganar para sentirnos realizados o satisfechos por nuestro trabajo. Eso sà que es difÃcil de medir.
Por regla general siempre pensamos que ganamos menos de lo que merecemos. En esta sociedad actual llena de mileuristas (os aconsejo este artÃculo) por doquier es difÃcil sentirse realmente compensado por aquello que hacemos. A parte queda la infravaloración existente acerca de nuestra profesión de diseñadores. Son muchos los que piensan que al no ser un trabajo manual o fÃsico, carece de valor. La creatividad está realmente devaluada.
Ante esto siempre pienso lo mismo (aunque no lo digo): “HAZLO TÚ”. El componente subjetivo siempre estará presente. Es lógico que nuestros diseños no gusten por igual a todo el mundo. Está claro que incluso nosotros no estaremos siempre igual de satisfechos con lo que hemos creado. Pero a diferencia con otros trabajos, aquà todo el mundo parece tener opinión y además que esa opinión es más importante que la del propio diseñador. Es una especie de intrusismo laboral pero a gran escala.
No obstante dejaré estas reflexiones para otra nueva entrega de estos artÃculos.
Siguiendo con el tema, no hay más que palpar el mercado laboral para darse cuenta de que tienes tres opciones. Si eres algo más conformista (complicado para un diseñador), no quieres demasiadas complicaciones a final de mes, o simplemente quieres ver a tu mujer más de 3 horas al dÃa, tu puesto está en el trabajo por cuenta ajena. Eso sÃ, ya sabes lo que hay: poco sueldo, todos tendrán opinión y parte en tu trabajo, probablemente infravaloren lo que haces… todo esto salvo honrosas excepciones (que tengo la suerte de disfrutar).
Otra opción es ser freelance. Hoy en dÃa puedes encontrar muchÃsimo trabajo de esta manera, y bastante mejor pagado que la anterior opción, pero con ese nervio en el estómago en el que puedes llegar a fin de mes (o no). Podrás trabajar en casa, o en un estudio, pero las horas de trabajo, lejos de lo que muchos piensan, se multiplican al menos por dos, estarás bajo el régimen de autónomos que en España no se puede decir que sea la panacea precisamente y tendrás mucho más papeleo.
La tercera opción es la del emprendedor. Normalmente a este perfil se acogen muchos ex-freelance o autónomos que viendo crecer su negocio se lanzan a la aventura de convertise en empresa. Estos si que son los valientes. Pasan de la libertad a ponerse al otro lado de la mesa del director de su primera empresa. Empiezan a ver que todo no es tan fácil, que todo cuesta muchÃsimo dinero, ahora si que es complicado llevar el dÃa a dÃa, si que duermes poco. Pero pienso que todo no es negativo. Ves crecer tu empresa como si de un hijo propio se tratara y es una satisfacción enorme, como pocas en la vida. Ahora sÃ, dile a tu mujer que o trabaja contigo o que ya nos vemos si eso… (es broma… o no? )
Bueno, aquà queda esta primera entrega de la vida de un diseñador. Espero que os haya gustado. Seguiremos escribiendo.